A principios de la década de 2010, los televisores 3D ya habían sido populares durante varios años. Sin embargo, como resultó, había poco contenido en 3D, por lo que los fabricantes promovieron la capacidad de estos televisores para convertir contenido 2D estándar en 3D. Los televisores capaces de mostrar imágenes en 3D utilizan un software especial para convertir video bidimensional en tridimensional. En pocas palabras, la imagen 2D “cobra vida” al crear la ilusión de profundidad. Para ello, el televisor utiliza software que analiza el fotograma, crea duplicados y los superpone de tal manera que se genera la sensación de espacio tridimensional.
El principio de funcionamiento consiste en generar una imagen separada para cada ojo. Para que este sistema funcione correctamente, el televisor debe estar equipado con un procesador lo suficientemente potente como para procesar el flujo de video en tiempo real y convertirlo a 3D.
Matices y características de la conversión de 2D a 3D
El proceso de conversión implica ciertas dificultades. La principal es determinar la profundidad de la escena, ya que no todos los elementos del fotograma pueden convertirse correctamente a 3D. Por ejemplo, los fondos complejos, los detalles finos o los objetos en rápido movimiento a veces parecen “planos” incluso después de la conversión.
Para el video grabado a 24 fotogramas por segundo (el estándar del cine clásico), se recomienda que el televisor aumente la frecuencia de cuadros a 120 fotogramas por segundo. En el modo 3D activo se generan fotogramas intermedios adicionales; en pocas palabras, se duplican, lo que hace que los movimientos de los actores se vean suaves. Este efecto se conoce en la industria televisiva como el “efecto telenovela” (soap opera effect).
También cabe señalar que las tecnologías modernas permiten una conversión de 2D a 3D más precisa. Sin embargo, incluso con estas tecnologías, el 3D completamente realista sigue siendo difícil de lograr, y los cineastas profesionales aún prefieren filmar versiones 3D separadas de sus películas. Además, los televisores 3D dejaron de producirse desde 2017, en parte debido a la baja demanda, pero la razón principal es que, con el aumento de la resolución a 4K, el procesamiento de imágenes requiere enormes recursos computacionales; no tiene sentido que los fabricantes aumenten la potencia de los televisores por este motivo, ya que incrementaría significativamente su precio y los haría menos competitivos.










