Desde principios de la década de 2000, los consumidores han cuestionado cada vez más la durabilidad de las lavadoras modernas. Los electrodomésticos antiguos solían ser más sencillos, más fáciles de reparar y podían permanecer en servicio durante muchos años. Las lavadoras modernas ofrecen una mayor eficiencia energética, más programas, un funcionamiento más silencioso y controles electrónicos, pero algunas se han vuelto más difíciles y costosas de reparar.

Las razones de este cambio no están relacionadas únicamente con la calidad del producto, sino también con los cambios en el mercado de los electrodomésticos, los métodos de producción y el diseño de las lavadoras modernas.

La formación del mercado de las lavadoras

Durante la primera mitad del siglo XX, las lavadoras eran relativamente caras y todavía no eran habituales en todos los hogares. La introducción de las lavadoras totalmente automáticas en la década de 1950 transformó el mercado y facilitó considerablemente el proceso de lavado.

Dado que una lavadora representaba una compra importante, la fiabilidad y la reputación de la marca eran ventajas competitivas importantes. Los fabricantes tenían que generar confianza entre los consumidores, y la facilidad de reparación también era importante porque sustituir un electrodoméstico resultaba costoso.

El mercado de las lavadoras de 1950 a 1990

Durante este período, las lavadoras se convirtieron en productos de consumo masivo. Los fabricantes competían mejorando la fiabilidad, añadiendo nuevas funciones y desarrollando diseños más cómodos.

Muchas lavadoras utilizaban componentes mecánicos relativamente sencillos. Los motores, las bombas, las correas, los interruptores y los rodamientos a menudo podían sustituirse individualmente. Esto facilitaba las reparaciones y permitía que una lavadora permaneciera en servicio durante muchos años.

A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, las lavadoras ya eran habituales en muchos mercados desarrollados. A medida que aumentaba la penetración del mercado, los fabricantes se enfrentaron a un nuevo problema: los consumidores que ya tenían una lavadora en funcionamiento no necesitaban comprar otra.

El mercado entre 1990 y 2010

Durante las décadas de 1990 y 2000, la demanda de lavadoras siguió creciendo en los mercados emergentes. En los mercados consolidados, sin embargo, las ventas de sustitución adquirieron cada vez más importancia. Muchos hogares seguían utilizando lavadoras que habían comprado 15 años o más atrás, y estos electrodomésticos se acercaban gradualmente al final de su vida útil.

Al mismo tiempo, las lavadoras se volvieron más sofisticadas. Los sistemas de control electrónico, las pantallas digitales, los motores más eficientes, los sensores y los programas de lavado adicionales sustituyeron gradualmente a los sistemas mecánicos más sencillos utilizados en generaciones anteriores.

La fabricación también se globalizó cada vez más. Para reducir los costes, los fabricantes comenzaron a adquirir componentes y a ensamblar productos a escala internacional. Las lavadoras de diferentes marcas empezaron a compartir diseños y construcciones similares, mientras que el precio adquirió una mayor importancia en las decisiones de compra.

Después de 2010, la competencia en muchos mercados se hizo aún más intensa. Los fabricantes se centraron en reducir los costes de producción, y se volvió habitual que un mismo fabricante especializado de componentes suministrara piezas a varias marcas. Como resultado, muchas lavadoras de diferentes fabricantes podían compartir componentes similares, aunque los productos terminados se comercializaran con diferentes marcas.

El problema de la reparabilidad

Una de las diferencias más evidentes entre las lavadoras antiguas y algunos modelos modernos es su reparabilidad.

Por ejemplo, algunas lavadoras modernas utilizan conjuntos de tambor sellados o no desmontables. Los rodamientos pueden estar integrados en el conjunto del tambor, lo que hace que su sustitución sea mucho más difícil. Una reparación que en una lavadora antigua era relativamente sencilla puede requerir ahora un desmontaje completo o la sustitución de todo el conjunto.

Los componentes electrónicos presentan un problema similar. Si falla un solo componente del sistema de control, puede ser necesario sustituir toda la placa de control en lugar del componente individual. Los componentes electrónicos modernos son más pequeños y están integrados de forma más densa, lo que hace que las reparaciones a nivel de componentes sean cada vez más difíciles. Encontrar el componente defectuoso, retirarlo e instalar uno nuevo puede requerir bastante tiempo y equipos especializados, lo que puede hacer que la reparación no resulte económicamente viable.

Por lo tanto, el principal problema no es necesariamente que las lavadoras modernas fallen con mayor frecuencia. En muchos casos, el problema más importante es que determinadas averías se han vuelto más difíciles y costosas de reparar. Una lavadora que antes podía repararse sustituyendo una sola pieza mecánica puede requerir ahora la sustitución de un conjunto mucho más grande y costoso.

Obsolescencia programada

Esta situación se describe a menudo como «obsolescencia programada», lo que sugiere que un producto se diseña deliberadamente con una vida útil limitada y que las reparaciones difíciles o costosas animan a los consumidores a sustituirlo en lugar de repararlo.

Sin embargo, los elevados costes de reparación o la baja reparabilidad no demuestran por sí mismos que un fabricante haya diseñado intencionadamente una lavadora para que falle prematuramente. Los costes de producción, la integración de componentes, los costes laborales, los cambios tecnológicos y la disminución del precio de los electrodomésticos nuevos pueden contribuir a reducir la vida útil económicamente viable.

No obstante, la creciente complejidad y el coste de reparar algunos electrodomésticos han generado preocupación por la obsolescencia programada, la durabilidad de los productos y la sostenibilidad a largo plazo de los electrodomésticos modernos.

Un problema medioambiental

Cuando una lavadora se desecha en lugar de repararse, los materiales y la energía utilizados para fabricarla se pierden en gran medida. La producción de un electrodoméstico nuevo requiere metales, plásticos, componentes electrónicos, energía y transporte, todo lo cual tiene un impacto medioambiental.

Por esta razón, la reparabilidad ha adquirido una importancia cada vez mayor. Una lavadora diseñada para permitir la sustitución de componentes individuales puede permanecer en servicio potencialmente muchos años más que una máquina en la que una avería relativamente menor requiere sustituir un conjunto completo y costoso.

Como resultado, los gobiernos han introducido normativas destinadas a fomentar una mayor vida útil de los productos y facilitar las reparaciones. En la Unión Europea, por ejemplo, los requisitos para las lavadoras domésticas y las lavadoras-secadoras están en vigor desde el 1 de marzo de 2021. Estos requisitos obligan a los fabricantes a garantizar la disponibilidad de una serie de piezas de repuesto esenciales durante al menos 10 años después de que la última unidad de un modelo determinado se haya comercializado. Documento 32019R2023

Entre las piezas incluidas se encuentran motores, bombas, amortiguadores, muelles, tambores, rodamientos, elementos calefactores, mangueras, válvulas, placas de circuitos electrónicos, pantallas, sensores y termostatos. También se incluyen determinados requisitos relacionados con el software y el firmware.

Otros componentes, como puertas, bisagras, juntas de las puertas, cerraduras de las puertas y dispensadores de detergente, también deben estar disponibles durante un máximo de 10 años. Además, determinados componentes deben poder sustituirse utilizando herramientas disponibles habitualmente y sin causar daños permanentes al electrodoméstico.

Estas normas no significan que una lavadora esté legalmente obligada a funcionar durante 10 años. Su objetivo es garantizar que, cuando una máquina presente una avería, las piezas necesarias sigan disponibles para su reparación, haciendo más práctico prolongar la vida útil del electrodoméstico.

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